Opinión
“¡Iglesia soy yo!”, esta afirmación que resuena en nuestros labios con tanta fuerza, alegría y convicción durante los días del cursillo primario nos recuerda una realidad: la gracia del bautismo ha realizado en nosotros y con nosotros la re-generación,…”habéis sido reengendrados de un germen no corruptible, sino incorruptible, por medio de la Palabra de Dios viva y permanente” (1Pe 1,23). Esta nueva generación desde la Palabra, nos ha hecho nuevas creaturas; junto con ello hemos sido unidos a Cristo como lo enseña el santo Apóstol Pablo en su carta a los cristianos de Roma: “…nos hemos hecho una cosa con Él…” (Rm 6,5a); es tal esa unidad, tan intima, que la condición del cristiano no es como un agregado, un superposición, como quien amontona ladrillos unos sobre otros, sino, estamos en Él de tal modo que somos parte de su propio Cuerpo por medio del signo que es la Iglesia: “…vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte” (1Cor 12,27).

Carta de Arequipa
Queridas amigas y amigos.

Desde el Encuentro de la región Centro, desarrollado hace un par de semanas atrás en la ciudad de Talagante, Diócesis de Melipilla, una de las ideas que me ha hecho mucho sentido tiene que ver con la necesidad que tenemos las personas de buscar nuestros orígenes para así poder explicar en parte que es lo que somos en la actualidad. Nos sucede en el ámbito de nuestro desarrollo personal, siempre estamos mirando nuestro pasado, el histórico y el más reciente para poder proyectarnos hacia el futuro. De esta necesidad tan humana, nuestro Movimiento de Cursillos de Cristiandad  no puede abstraerse.Le

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Fotografía de cuadrantes de Cursillos en Chile con equipo de Arequipa

SIGNIFICADO DEL PEZ CRISTIANO

La palabra pez en griego es ICHTHUS y en el siglo II la Iglesia tomó la palabra como símbolo de Cristo. En esta simbología las letras de la palabra ICTUS representan las iniciales de la frase:
Iesous Christos Theou Yios Soter

UNA PROFESION DE FE
Los cristianos, siendo minoría en un mundo pagano, tenían sus propios símbolos para identificarse y avivar su fe. En el pez (Ichthus) encontraban la profesión de fe, la razón por la que adoraban a Jesús y estaban dispuestos a morir.

Tertuliano, abogado y sacerdote cristiano (150-225), nacido en Cartago (África), primer padre que escribe en latín y el primero en usar la palabra Trinidad para referirse a las tres personas en Dios, decía que: “Los creyentes son pequeños peces que nacen en el agua a nueva vida (alusión al bautismo)”. Así como el pez muere al salir del agua, así el cristiano que se aparta de esta agua muere si se deja seducir por el mundo.

HISTORIA
Cuando la Iglesia se vio amenazada por los romanos de los primeros siglos D. C., los cristianos usaron el símbolo del pez para marcar los lugares de reunión, para reconocer las tumbas cristianas y para distinguir a los los hermanos de los que no lo eran.

De acuerdo a una antigua historia, cuando un cristiano llegaba a conocer a un extraño en los polvorientos caminos de Palestina, trazaba uno de los arcos del dibujo del sencillo pez sobre el suelo.



Si el extraño dibujaba el arco faltante, ambos creyentes sabían que se encontraban en buena compañía.
Se cree también que este símbolo haya estado inspirado:

Por las palabras de Jesús dichas a los hermanos Simón Pedro y Andrés cuando se disponían a echar las redes: “Síganme y yo los haré pescadores de hombres” (Mc. 1,17)
O por la multiplicación milagrosa de panes y peces (Mt. 14)
O por los peces que Jesús Resucitado compartió con sus discípulos cuando les dijo: “Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar” (Jn. 21,9) y los invita a desayunar con pescado sobre brasas junto al lago Tiberíades, en Cafarnaún (Jn. 21,12)

Ningún símbolo significa la misma cosa para todas las personas de todos los tiempos.
Pienso, eso sí, que el único signo hoy en día, para reconocer a un hermano, sea cual sea su idioma, condición física o económica, capacidad de hablar, ver o comunicarse, es el AMOR, el único mandato que Cristo nos dejó para reconocernos hermanos, hijos de Dios, unidos en una misma fe.
Y que los cristianos primitivos tuvieran éxito al transformar un ya para entonces poderoso símbolo, da prueba de su creatividad interpretativa.

El pez, en contraste con la cruz, causaba menos sospechas: era el símbolo perfecto para los cristianos perseguidos ya que era un símbolo común: para los romanos era símbolo pagano de fertilidad; para los chinos de longevidad y prosperidad.
Y nosotros en el MCC reconocemos este pez cristiano agregando las palabras ¡DE COLORES!
Gladys Lama
Vocal Centro Lican Ray
Diócesis de Villarrica